Me llamaron mala por dejar de obedecer,
por cansarme de perder para que otro pudiera tener.
Por tener demasiadas preguntas,
demasiado corazón,
por no aceptar que mi silencio fuera el precio del amor.
Me enseñaron que una dama debía hablar con dulzura,
que callarse era elegancia,
que ceder era cordura.
Que si quería que me amaran, debía aprender a complacer,
ser un poco menos tormenta, un poco más fácil de querer.
Y recuerdo a cierta villana,
con tentáculos y humor,
que ofrecía hacer milagros disfrazados de favor.
«¿Para qué quieres tu voz si él por eso no te va a querer?».
Qué negocio tan perfecto: tú te callas, él te ve.
Pero dime, pequeña sirena, ¿qué te queda al negociar
esa parte que te nombra,
que te ayuda a protestar?
¿De qué sirve ser princesa, tener corona y un querer,
si hasta el precio de tus sueños lo decide otro ser?
Yo también fui esa muchacha que se esforzaba por gustar,
que escondía sus heridas
para no incomodar.
Que llamaba amor al miedo, paciencia a la humillación,
y que daba hasta las llaves
de su propia habitación.
Pero algo, se rompió una noche. No sé si fue la fe,
si fue verme en el espejo
o no reconocerme.
Solo sé que aquella niña que pedía comprensión
se cansó de ser refugio
para quien la hizo prisión.
Y ahora dicen que soy fría,
que perdí la humanidad,
que ya no tengo la costumbre de ofrecer otra oportunidad.
Que antes era más bonita cuando no sabía decir que no.
Qué curioso: me querían más cuando me quería menos yo.
Pues escucha, mundo mío, que hoy no pienso negociar:
no nací para ser cómoda ni para mendigar.
No me arranques otra pluma para escribir tu versión;
si mi voz te incomoda,
quizá te estorbe la razón.
¿Que soy mala? Puede ser.
Ya no me voy a defender.
No todo el que pone límites tiene algo que esconder.
Y si un día fui tu ángel,
no me debes reclamar
que haya aprendido
de mis alas,
que también sé despegar.
Así que guarda tus cuentos, tu moral y tu papel.
No necesito ser la buena para merecer.
Y si buscas a la niña que callaba por amor,
dile que murió el Agathón.
La villana alzó la voz.
Escrito para el reto «Este Halloween, deja que hable quien solemos mantener en silencio.»
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